¿Cuándo manejar el crónico con un Cox2?

El dolor crónico se define como aquel que persiste durante más de 3 meses, de forma continua o intermitente, más de cinco días por semana. Ocasionalmente puede desencadenar ansiedad, depresión, náuseas u otras manifestaciones psicológicas y fisiológicas.1,2

El manejo del dolor crónico es complejo. Los aspectos físicos, emocionales y cognitivos deben abordarse en paralelo con el tratamiento farmacológico. Debido a que solo se puede entender el dolor cuando se conoce a la persona que lo padece, es necesario identificar los aspectos que influyen en la experiencia del dolor, para lo cual hay que hacer un abordaje integral, que incluya una anamnesis centrada en el paciente, una exploración física enfocada en el síndrome doloroso y una evaluación de las pruebas complementarias, como las escalas del dolor.1,2

Como parte del plan de tratamiento multidimensional del dolor, el tratamiento farmacológico tiene el objetivo de ayudar a controlar la sintomatología y mejorar la funcionalidad y la calidad de vida del paciente. En este sentido, se debe actuar siempre en función de las circunstancias individuales de la persona y su seguridad, teniendo en cuenta que, en algunas ocasiones, no se logrará una analgesia completa.2

Por lo tanto, el tratamiento farmacológico debe cumplir las siguientes premisas:

  • Individual, según el tipo y la intensidad del dolor.2
  • Tener en cuenta las comorbilidades del paciente para disminuir el riesgo cardiovascular, gastrointestinal, hepático y renal, disminuyendo las interacciones y aumentando la seguridad del paciente.2
  • Considerar el consumo previo y su respuesta analgésica.2
  • Modificar según la respuesta analgésica.2
  • Tener presentes las preferencias del paciente y adecuarlo a sus necesidades y expectativas.2
  • Informar los riesgos y beneficios.2

Los inhibidores selectivos de la COX-2 han demostrado eficacia clínica en dolor, principalmente si cursa con un componente inflamatorio, como en lumbalgia aguda y crónica, y en artrosis de rodilla, cadera y mano. Al inhibir selectivamente la COX-2, este tipo de AINE reduce los efectos adversos gastrointestinales, aunque tiene un efecto aterotrombótico, que es resultado de la inhibición de las prostaglandinas a nivel renal.2

En general, se recomienda evitar su uso en pacientes con patología cardiovascular grave y tener precaución en pacientes con antecedentes de disfunción ventricular izquierda, hipertensión, edema por cualquier motivo y factores de riesgo cardiovasculares.2

En pacientes con riesgo elevado de hemorragia digestiva, el gastroprotector de elección es el omeprazol 20 mg/día.2

En ancianos, los COX-2 son útiles en el dolor crónico con componente inflamatorio, pero deben usarse en la menor dosis eficaz, durante el menor tiempo posible, con gastroprotección y vigilancia de tensión arterial.2

En conclusión, se recomienda utilizar la menor dosis efectiva, durante el menor tiempo posible, para evitar complicaciones, lo que obliga al cálculo previo del riesgo cardiovascular, gastrointestinal y renal, es decir, a la individualización del tratamiento, valorando el riesgo/beneficio.2


Referencia:

  1. Gafaar-Khammissa RA, Ballyram R, Fourie J, Bouckaert M, Lemmer J, Feller L. Selected pathobiological features and principles of pharmacological pain management. J Int Med Res. 2020;48(5):0300060520903653.
  2. Sánchez J, Tejedor A, Carrascal R, et al. La atención al paciente con dolor crónico no oncológico (DCNO) en atención primaria (AP). Documento de consenso. España: Grunenthal; 2017.

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